The Lord Will

Antiguo Testamento · Poesía

Salmos 35:25

Revisado por:
Ugo Candido
Última actualización:
Categoría:
Antiguo Testamento

No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Hémoslo devorado!

Salmos 35:25 — RVR

Mensaje principal

El salmista ora para que sus enemigos nunca lleguen a decir las palabras que ansían decir —«¡Ea, alma nuestra!» y «¡Hémoslo devorado!»—, pidiendo a Dios que les niegue la satisfacción del regodeo.

Significado en contexto

Salmo 35:19–28 · Oración contra los enemigos que se regocijan y por la vindicación del justo — Detalla la súplica del versículo 24 nombrando las palabras exactas de regodeo que el salmista pide a Dios impedir, para que el triunfo maquinado de los enemigos nunca llegue.

Esta petición despliega la súplica del versículo 24 de que los enemigos «no se alegren de mí». Obra citando las mismas frases que el salmista teme oír de ellos, y pidiendo a Dios que impida que esas palabras lleguen a hacerse verdad.

«¡Ea, alma nuestra!» es el sonido de un deseo cumplido: los enemigos obteniendo justo el desenlace que maquinaron. «¡Hémoslo devorado!» es la imagen de la presa engullida, una victoria total y regodeada. La petición pide que esas jactancias queden acalladas antes de poder decirse «en su corazón».

Esta es una oración imprecatoria, pero nótese con cuidado lo que en realidad pide: no que los enemigos sean dañados, sino que su regodeo sea negado, que sus esperanzas maliciosas no se satisfagan. Busca la frustración de su triunfo, no la ejecución de la venganza del salmista. La petición sigue dirigida a Dios, que es el único que decide el desenlace.

La oración de que no se regocijen se completa en el versículo 26, que pide en cambio que la vergüenza y la confusión vistan a quienes se alegran de su daño.

Enseñanzas adicionales

La oración apunta al triunfo regodeado de los enemigos

La oración apunta al triunfo regodeado de los enemigos, no a sus personas: pide que sus esperanzas maliciosas se frustren, lo cual es una súplica sobre el desenlace más que un deseo de su daño.

Referencias cruzadas: Las jactancias citadas «¡Ea, alma nuestra!» y «¡Hémoslo devorado!», que el salmista pide a Dios que queden sin decir.

Aplicaciones en la vida diaria

  1. 1

    Hay gente que espera que fracases, lista para decir «lo sabía» y tratar tu caída como una victoria que ella misma urdió.

    Pide a Dios que niegue su regodeo —que su ardid no tenga la última palabra— mientras dejas en sus manos lo que sea de ellos, en vez de alimentar tus propios planes de demostrarles que se equivocan a cualquier precio.

    Orar para que la malicia de un enemigo se frustre no es lo mismo que orar por su ruina, y nunca es una licencia para urdir tú mismo su caída; los salmos imprecatorios entregan el desenlace a Dios, no a nosotros.

Errores comunes de interpretación

Este versículo es el salmista llamando la destrucción sobre sus enemigos por despecho.

La petición pide que los enemigos no puedan regodearse, que sus jactancias «¡Ea, alma nuestra!» y «¡Hémoslo devorado!» no se hagan verdad. Busca la frustración de su malicia, dirigida a Dios; no es un molde para maldecir a personas concretas ni para asegurar su daño.

Cómo aplicar Salmos 35:25

Estudia Salmos 35:25 en su contexto leyendo el pasaje que lo rodea en Salmos. Identifica a una persona en tu vida que pudiera ser alentada por este versículo de las Escrituras. Compártelo con ella y abre una conversación arraigada en las Escrituras: a veces la aplicación más práctica es transmitir la Palabra.

Fuentes y método

  • Texto bíblico

    Todas las citas bíblicas en español proceden de la versión Reina-Valera (RVR), de dominio público.

  • Interpretación

    Leer el versículo 25 como una oración para negar a los enemigos su regodeo, sostenida junto al mandato de Jesús de amar a los enemigos, sigue la tradición mayoritaria de dominio público, p. ej. el Comentario de Matthew Henry sobre toda la Biblia (1710) sobre el Salmo 35; no se afirma ninguna ocasión concreta de composición, pues el texto no la nombra.