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La terquedad en la Biblia

La terquedad en la Biblia es un endurecimiento del corazón que se niega a ceder ante Dios, resistiendo con obstinación su palabra, su corrección y su llamado al arrepentimiento. Lejos de ser un rasgo inofensivo del carácter, la Escritura trata la terquedad como un peligro espiritual que conduce a la ruina. El ejemplo clásico es Faraón, que una y otra vez se negó a dejar ir a Israel: "También esta vez endureció Faraón su corazón, y no dejó ir al pueblo" (Éxodo 8:32). Su obstinación trajo un juicio devastador sobre Egipto y revela cómo una voluntad endurecida se opone a los propósitos de Dios. Aun Israel, el pueblo redimido, fue reprendido por la misma falta; Moisés rogó al Señor: "No mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado" (Deuteronomio 9:27). Los profetas e historiadores de Israel miden la terquedad como un grave pecado. Cuando el rey Saúl desobedeció el mandato de Dios, Samuel declaró: "Como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación" (1 Samuel 15:23), colocando la testaruda voluntad propia junto a los peores pecados. Sedequías, el último rey de Judá, "endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová" (2 Crónicas 36:13), y su obstinación apresuró la caída de la nación en el exilio. Zacarías describe igualmente a una generación que "no quisieron escuchar, antes dieron el hombro rebelde, y endurecieron sus oídos para no oír" (Zacarías 7:11). Por eso la Escritura emite a la vez advertencia e invitación. El salmista clama: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba" (Salmo 95:8), instando a un corazón blando y sensible mientras hay tiempo. Proverbios advierte del peligro de rechazar la corrección repetida: "El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina" (Proverbios 29:1). El remedio para la terquedad es la humildad, la disposición a oír hoy la voz de Dios, a doblar la cerviz altiva y a dejar que su palabra ablande lo que el pecado ha endurecido, para que andemos en obediencia en lugar de precipitarnos hacia el juicio.

Versículo principal

Mas Faraón agravó aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

Versículos bíblicos sobre La terquedad

7 pasajes bíblicos sobre este tema

Éxodo 8:32

Mas Faraón agravó aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

Deuteronomio 9:27

Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac, y Jacob; no mires á la dureza de este pueblo, ni á su impiedad, ni á su pecado:

1 Samuel 15:23

Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos é idolatría el infringir. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

2 Crónicas 36:13

Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse á Jehová el Dios de Israel.

Salmos 95:8

No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto;

Proverbios 29:1

EL hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado; ni habrá para él medicina.

Zacarías 7:11

Empero no quisieron escuchar, antes dieron hombro rebelado, y agravaron sus oídos para no oir:

Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre la terquedad?
La Escritura trata la terquedad como un pecado grave, un endurecimiento del corazón que resiste a Dios. Faraón "endureció su corazón" y se negó a obedecer (Éxodo 8:32), y Samuel dijo a Saúl que "como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación" (1 Samuel 15:23). La testaruda voluntad propia opone a la persona a los propósitos de Dios y conduce al juicio.
¿Por qué es tan peligroso un corazón duro?
Un corazón duro rechaza la corrección hasta que es demasiado tarde. Proverbios 29:1 advierte: "El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina". El rey Sedequías "endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová" (2 Crónicas 36:13), apresurando el exilio de Judá. La terquedad persistente acalla la conciencia e invita a la ruina repentina.
¿Cómo puedo vencer la terquedad?
El remedio es la humildad y la disposición a escuchar. El salmista ruega: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (Salmo 95:8). En lugar de dar "el hombro rebelde" y endurecer los oídos como en Zacarías 7:11, hemos de doblar la cerviz altiva, recibir la corrección de Dios y dejar que su palabra ablande lo que el pecado ha endurecido, andando en gozosa obediencia.

Aplica estos versículos a tu vida

La Escritura cobra vida cuando la meditamos y la vivimos día a día. Lee estos versículos en su contexto completo, pide comprensión en oración y pregunta a Dios cómo hablan a tu situación de la terquedad.

Autor:
Equipo Editorial de The Lord Will
Revisado por:
Ugo Candido
Última actualización:
Categoría:
Guía bíblica